''Recuerda quién eres, será difícil, pero has de hacerlo.''

Nora Smillerton, era una adolescente normal, o al menos de forma relativa, con una vida normal, dentro de lo relativo, y una familia relativamente normal; lo era, hasta aquella noche de invierno, donde conoció a la que pasaría a ser aquello que cambiaría su vida: Mylenne Mellinizie, una chica que falleció, pero que conserva la apariencia de una humana, aunque solo para ojos de Nora está muerta, porque es la encargada de limpiar el mundo de las almas perdidas por él, habiendo hecho un pacto satánico para encargarse de ello, y no desaparecer; pero parece que sola no puede, y requiere la ayuda de Nora, la única persona que le ha parecido con potencial suficiente después de tantos años para ello. Ambas formarán un gran equipo, pero la ''vida relativamente normal'' de Nora, se verá indudablemente cambiada, y la vida ''relativamente extraña'' de Mylenne, dará un vuelco. Lo que no saben es que, dos chicos les están pisando los talones de cerca, muy de cerca, y que puedan estar más en peligro de lo que creen estar rodeadas únicamente por muertos...

lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 1 ~

 -Ethan, que hablo enserio. -Dijo ella, mientras le dedicaba una mirada asesina. Su hermano siempre hacía lo mismo, la ignoraba por completo en todo lo que decía; tenía muy subido eso de ser el mayor.
-Lo que tú digas, Nora. -Murmuró él mirándola con una sonrisa algo siniestra, aquella noche él estaba más raro que de costumbre.
-Mira, haz lo que te de la santa gana, pero conmigo, no cuentes. -Bufó Nora, encaminándose hacia el hall de su casa, tomando su bolso, y un abrigo; saliendo fuera de casa, dando un portazo.

Era invierno, y hacía un frío frío horrible; aquel invierno estaba durando más de lo que parecía. El año anterior, en Mayo, las temperaturas ya eran más altas, pero entonces, no. Eran las once de la noche, del día 13 de Mayo, un martes. Martes trece; y la única caminante de las calles, era Nora Smillerton, únicamente acompañada entonces por el vaho que desprendía al respirar.
Aquella noche, había sido el colmo; los padres de ambos, habían salido de viaje, un par de semanas, confiando en que sus hijos, Ethan de 19 años y Nora de 17, serían lo bastante maduros como para cuidarse solos. Pero se equivocaban; todo había empezado porque él, le había dicho a su hermana que organizaba una fiesta esa noche en su casa, y que se preparase...
-Venga, N, enrróllate un poco, que los viejos no están.
-No, Ethan, no me enrollo. Si papá y mamá se enteran, ¡se nos caerá el pelo! Y yo lo siento, pero no pienso dejarte hacer esa fiesta.
-Venga, hermana preciosa, que habrá alcohol y drogas suficientes para que no recuerdes nada. -Le guiñó un ojo, de manera descarada. Era el colmo, Nora nunca había soportado su actitud chulesca, por lo que se acercó a él con rapidez, y le clavó un dedo en el pecho.-
-Ethan Smillerton, ni se te pase por la cabeza.
-Hermana, si es que me das un miedo...

Al recordar aquello, Nora suspiró. Sabía que Ethan terminaría por hacer lo que le diese la gana, como hacía siempre, pero ésta vez, a ella no la inmiscuiría en sus asuntos. Esos 9ºC bajo cero, la estaban congelando, pero se negaba a volver a casa, y más cuando no paraba de ver adolescentes que a penas se mantenían en pie ya, acercándose al patio de su casa, llamando a su puerta.

Dudó unos instantes, ¿A dónde iba a ir a estas horas? La noche, cerrada como nunca, tenía un tono amenazante, el cual hizo que un escalofrío recorriera su espalda.

-Will. -Murmuró para sí misma, y se encaminó con paso decidido hasta casa de su mejor amigo, a paso rápido, sentía algo extraño en su interior, como si algo terrible estuviera a punto de ocurrir.
Tras llegar, alzó la mano hasta el timbre, decidida. Toda esa decisión cayó en picado cuando el flashback recorrió su memoria. ¿Cómo lo podía haber olvidado? Estaban enfadados, él estaba enamorado de ella y ella se había ido corriendo al no poder corresponderle. ¿Con qué cara iba a aparecer ahora allí? Dudó unos segundos, pero al oír voces dentro de la casa, se echó atrás. No, no podía hacerlo. Aún no. No tenía el valor suficiente, necesitaba más tiempo.
Se alejó a paso rápido de allí, temerosa de que, por cualquier cosa, pudiera verla él. Volvió a casa. Y esta vez no le importó que hubiera una fiesta, ni drogadictos en ella, solo quería tumbarse en su cama y pensar, pensar hasta quedarse dormida. Pero, lo que se encontró, fue como una estacada en el corazón.
Luces, sirenas que penetraban en sus oídos como balas, a esas horas de la noche. Se frotó los ojos, tenía comprobar si estaba bien. ¿Era la calle correcta? Caminó con miedo hacia ella. Era su casa, el coche de su hermano, su porche y el cúmulo de adolescentes drogados y bebidos que echaban a correr por patas, antes de que algo pudiera pasarles. Vio salir a una persona, vestida con un uniforme amarillo; un hombre, detectó por su fornido cuerpo, de un vehículo en el que no había reparado hasta ese momento. Un vehículo blanco con una cruz roja bien grande en el centro. ''No...'' pensó para sí. Siguió al individuo con la mirada, y comprobó que se acercaba a alguien que descansaba en el suelo, completamente inconsciente, o dormido, imaginó que inconsciente, sino no pintaba nada un médico tomándole el pulso. Desde lo lejos, no pudo comprobar mucho, por lo que se acercó a ver si conocía al herido.
Se calló al suelo. Sus piernas no podían sostenerla más. A pocos metros de su casa, llevó sus manos hasta su boca, tapándola, mientras sus ojos se llenaban de cientos de lágrimas que comenzaron a caer segundos más tarde. Su hermano. Era su hermano el que se encontraba en el suelo, tirado, siendo revisado por un médico. Quiso gritar, pero la voz no le llegaba a la garganta. Pudo divisar la cara del médico desde esa distancia, lo suficiente como para ver que no tenía buena expresión. Gesticuló algo con la boca a uno de sus compañeros que se encontraban aún dentro de la ambulancia, ella pudo descifrarlo; tantos años jugando a la mímica con sus amigos, le habían servido de algo. ''Coma etílico'' Eso era lo que había dicho. Era in capaz de moverse, solo pudo seguir con la mirada al médico, viendo como con una camilla, metía a su hermano, indefenso en la ambulancia, para llevárselo al hospital.

Corrió como pudo hasta la ambulancia, entrando en ella. Ni siquiera era capaz de respirar bien, ¿Cómo había conseguido moverse hasta allí? A pesar del miedo, mantuvo la cordura, agarrando con desesperación la mano de su hermano, gritándole que no se podía morir, llorando hasta que sus lágrimas se secaran. Las palabras tranquilizadoras del médico no hacían efecto, tan solo la ponían más y más nerviosa. Sus piernas temblaban cuan flan, temiéndose lo peor.
Y sin que se diera cuenta, ya estaba en el hospital. Su hermano en urgencias, al borde de la muerte. ''Es culpa mía'' se repetía, una y otra vez, hasta que su mente se desconectó, incapaz de pensar más. Pero sin tiempo a dejarla descansar, la puerta se abrió, y su corazón dió un vuelco de 180 grados. Se levantó a tropezones, agarrándo los hombros del médico con desesperación.
-¿Có..? -Las palabras no brotaban de su boca, no querían salir. Tenían miedo de la respuesta.
-Lo siento. -Con eso bastó para desmoronarla, se derrumbó, literal y mentalmente. ''No, esto es un sueño. Despierta, estúpida, despierta'', murmuró para sí misma. Cerró los ojos, esperando que al abrirlos, estuviera en casa, con su hermano, cenando lasaña, como cada martes. Los abrió, para volver a derrumbarse con la realidad.


''Está muerto'' Se repetía una y otra vez, aún tirada en el suelo del hospital, con un médico junto a ella, diciéndole un montón de cosas que no podía procesar en ese momento. ''Ethan está muerto, y todo por mi culpa.'' No podía creerse la realidad en la que se encontraba en ese momento. Era todo tan horrible, que casi no quería creérselo.
Ya no era consciente del tiempo que llevaba en aquel suelo, llorando de manera desconsolada. Ya no era consciente de nada. Ni tan si quiera, sabiendo como, se levantó, con las piernas temblándole aún, tanto que a penas podía moverse sin tambalearse. Salió del hospital, sin saber qué hacer entonces. No podía volver a casa, todo le recordaría a él. Tampoco podía llamar a sus padres, aún ni ella misma podía creérselo. Will no quería ni verla, pero, a pesar de todo, era su única solución. Sacó su teléfono del bolsillo de su chaqueta, buscando en la agenda con dificultad por sus ojos llorosos, el nombre de su mejor amigo. Pulsó el botón verde que indicaba llamada, y se lo colocó en la oreja. Un toque, dos toques, tres toques, contestó.

-¿Nora? ¿Para qué coño me llamas a éstas horas? Creía haberte dicho que...
-Mi hermano ha muerto. -Fueron las únicas palabras que le salieron, cuando comenzó a escuchar su voz. Parada en medio de la calle, con los ojos cerrados con fuerza, mientras no podía dejar de llorar, envuelta por el silencio más horrible y la noche más profunda.
-¿Perdón? ¿Es una broma, Nora?
-Mi hermano ha muerto. -Repitió de la misma manera que antes, era una frase que no paraba de repetírsele en la cabeza.-
-¿Qué le ha pasado...? -Su voz parecía apagada, no quedaba rastro del Will enfadado del principio, era como si todos los problemas se hubiesen desvanecido.-

-Mi hermano ha muerto. -Repite, por tercera vez, con el mismo tono frío e inexpresivo, como si la muerta fuera ella.
-¿Dónde estás? -Casi gritó, agarrando su cartera y dirigiéndose hacia la puerta. Y antes de que le diera tiempo a girar el pomo para salir, nuevamente la voz fría e inexpresiva de ella le paró.
-Voy yo. Adiós. -Colgó rápidamente, con los ojos perdidos en el horizonte, caminando sin sentido, sin recordar las palabras que acababa de pronunciar, sin recordar a dónde tenía que ir.
Y entonces lo sintió, y se quedó sin aliento.
-Ayúdame, hermana.. -Sonó como el grito lastimero de un gato a punto de morir, pero ella lo reconoció al instante, y su cuerpo se negó a girar para comprobar que era. Pero fue necesario, ya que rápidamente él se colocó frente a ella, pálido, translúcido.


Ni siquiera tuvo tiempo a reaccionar. Una sombra, demasiado grande para ser la de una persona, demasiado irreal para ser siquiera un animal, se abalanzó sobre él, atrapándole con unas cadenas, sumiéndo su rostro en la oscuridad, para luego llevárselo, y en la oscuridad, todavía se oían sus gritos, pidiendo auxilio, el eco sordo de su voz llena de temor.
No pudo hacer nada. No pudo sentir nada, ni decir nada. Ocurrió todo tan rápido, que prácticamente no pudo ni tomar un último aliento. Estaba segura de lo que había visto. No había sido ni un sueño, ni una alucinación, había sido el espíritu de su hermano, siendo atrapado por... aquella nada. Tragó saliva, necesitaba dar paso de alguna manera al aire, para poder respirar. Trató de centrarse, de una manera u otra, lo consiguió, con el teléfono móvil aún en la mano. Dio dos pasos en falso, y sintió como chocaba con algo, en un principio invisible. Cerró los ojos por el leve impacto, y al abrirlos, una figura femenina, de más o menos su edad, con una cabellera negra y unos ojos de un morado intenso, estaban ahí, justo enfrente de ella, mirándola con cara de pocos amigos. ''Hace un segundo, no había nadie. Estaba sola''. Pensó para sí misma, aunque su expresión fría e inexpresiva, no varió en absoluto.

Cerró los ojos nuevamente. ''Otra ilusión, no es más que otra ilusión. Solo me lo he imaginado'', susurró para sí misma. Los abrió nuevamente, pero ella seguía allí, de pie, a unos pocos centímetros, clavando su fulminante mirada en ella. Mantuvo la compostura, sin alejarse unos milímetros siquiera. Y entonces la muchacha habló, y al oír su voz, Nora salió del trance en el que se encontraba.
-Lo has visto. -Murmuró la muchacha, sin desviar ni un segundo su mirada de la de ella. Más que una pregunta, había sonado como una afirmación. Pero, aún así, Nora respondió.
-Sí. -Pronunció, aún desconcertada, pero con la mayor tranquilidad existente, como si nada pudiera ya sorprenderla, como si nada importara ya.


Y cayó en la cuenta de que nada de lo que estaba ocurriendo era normal. La muchacha, frente a ella aún, no era normal. Sus ojos eran de un color imposible, su cabellera era tan negra como la noche, trenzada a un lado de su cabeza. Ni siquiera su presencia allí era normal. La aparición de su hermano, no era normal. Los muertos, no reviven, ni las sombras se los llevaban entre gritos apagados. Estaba empezando a dudar incluso en que ella fuera normal.
La muchacha que se encontraba frente a ella, esbozó una sonrisa gélida. Y eso no pudo evitar recordarle a la sonrisa que había esbozado su hermano al ignorarla, hace apenas unas horas. Hace apenas unas horas, cuando seguía vivo.
-Perfecto. -Susurró la chica de nuevo, sin despegar la mirada de los ojos verdes de Nora.
En ese momento, a Nora se le nubló la vista, por un pequeño instante. Un instante que le hizo comprender todo lo ocurrido de una manera feroz. Un terrible dolor de cabeza se presentó en ella, y su estómago comenzó a revolverse. Algo le estaba pasando. Se dejó caer al suelo de rodillas, mientras cientos de imágenes aparecían en su cabeza como un pase de diapositivas. Se llevó las manos con desesperación a la cabeza, gritando, desgarrándose la garganta al hacerlo.
Finalmente, terminaron las imágenes. Desde la tarde de hace dos días, que había discutido con Will. Había vivido de nuevo esos días, con toda intensidad, y solo con imágenes.
Nora calló derrotada, y posó sus manos en el suelo, para que su tronco no terminara por derrumbarse, dejando caer la cabeza hacia delante, mirando al suelo, respirando con agitación. Tenía razón; en ese momento, ni tan siquiera ella era normal. Y eso, la asustaba. Pero ya estaba. No había más.


-Te lo explicaré rápidamente, aunque sea demasiado complejo para tí. -Le espetó la muchacha, sin ningún tipo de educación. Aunque, a Nora, no pareció importarle.- La vida y la muerte, viven equilibradas. Sin una, la otra se descontrola. La muerte no tiene lugar hasta que el alma de la persona fallecida, es enviada al inframundo, o al cielo, por llamarlo de alguna manera. Pero, sin embargo, no es tan sencillo. Entre el bien y el mal, siempre hubo algo intermedio. Algo que quiere vencer a ambos lados, algo que se lleva las almas antes de que sean enviadas a estos lugares, o, si no completan estas su misión en la tierra, pueden arrancarlas de estos dos lugares, para llevarlas al intermedio. No espero que lo entiendas, ni siquiera que te lo creas, pero pronto lo comprobarás por tí misma. -Pausó un tiempo, esperando las preguntas de ella, pero, al ver que seguía sumida en sus pensamientos, continuó.- Yo tan solo puedo enviarlas a sus respectivos lugares, donde están más seguras y es imposible que sean, por decirlo de alguna forma, ''robadas''. Pero, no puedo purificarlas. Por eso te necesito. Necesito que, de alguna manera, las ayudes a cumplir su último deseo antes de morir.

Nora se encontraba aún tirada en el suelo, mirando al dicho, sin demasiadas fuerzas para hacer o decir nada. Se limitó a escuchar cada palabra con detenimiento. Ya nada le sonaba extraño, ya no había nada que pudiese sorprenderla. Cuando la muchacha terminó de hablar, consiguió levantar la cabeza, con un extraño bloqueo en ella, que le impedía levantarse aún.
-Me necesitas a mí. -Asientió Nora para sí misma, afirmando, más que preguntando. Tratando de convencerse a sí misma.- Necesitas a una adolescente común de 17 años que acaba de perder a su hermano por culpa del alcohol. A una adolescente común que está en shock y ahora mismo, no tiene a nadie más. ¿Es eso lo que necesitas? Porque si es eso, has dado en el clavo. Sino, me temo que yo no puedo hacer nada por ti, porque ni veo a los muertos, ni mucho menos, puedo hablar con ellos.
Nora consiguió levantarse del suelo, tras hablar de manera fría, e irónica, sacudiéndose la ropa después, aún temblando al conseguir levantarse. Tragó saliva, esperando respuesta, ya que en su cabeza, había una batalla que la estaba dejando impune; entre la coherencia y la locura.

La muchacha se acercó sin vacilar a ella, alzando el cuello hasta que su boca estuvo lo suficientemente cerca de la oreja de Nora.
-¿A caso no has visto a tu hermano, suplicando por tu ayuda?, ¿No le has visto gritar, mientras tú te quedabas quieta, viendo cómo se lo llevaban para convertirlo en algo inhumano?, ¿De verdad no has visto cómo sus ojos te pedían que le salvaras? -Susurró, con un tono tan frío que incluso heló la sangre de Nora, paralizando su mente durante unos segundos.
Se separó bruscamente de ella, con una sonrisa heladora en su boca. Acto seguido, giró, dándole la espalda, yendo el dirección contraria a ella. Alzó la mano, moviéndola para indicar su despedida. ''Me buscarás, no tardarás en hacerlo'', susurró la muchacha para sus adentros, y sus palabras, resonaron en la cabeza de Nora.

3 comentarios:

  1. Hola, me he pasado por aquí por casualidad y he leído este primer capitulo, que me ha dejado boquiabierta y con una real dosis de adrenalina entre las venas. Me gusta como escribes y la historia es muy prometedora. :)
    Estoy impaciente por leer el próximo capitulo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Nos alegramos que te guste, de verdad, esperamos no defraudarte más adelante, y que sigas la historia de Nora y... ''la muchacha'' con total fijación.
    Besos, y gracias.

    ResponderEliminar
  3. Hola, yo también te he encontrado por casualidad y al acabar de leer este capitulo me he dicho: ¡vaya suerte!
    La verdad, es algo paranoico lo que le sucede a Nora por así decirlo, pero me ha resultado tan... rebuscado, creativo y original, sobretodo ORIGINAL.
    Así que os habeis ganado una nueva seguidora.

    Y por si os apetece paasaros, yo tambien tengo un blog:
    http://bajo-los-murmullos.blogspot.com/
    Espero que os guste, y si os atrae y decidis haceros seguidoras ¡Bienvenidas seáis!

    ResponderEliminar